sábado, 7 de enero de 2012

¿Nuevo año, o uno más viejo?




Nuevo año, o uno más viejo. Bueno, dejémoslo en el medio. Sí. La configuración del tiempo es valida para entender la vida desde la perspectiva del pensamiento humano. Es en todo caso una simple fórmula de cálculo uniforme. Solo los humanos podemos descubrir o entender este fenómeno en un determinado momento sin la ayuda del reloj o almanaque, para ello es necesario hacerlo por medio de comparaciones temporales con nuestro entorno. Por ejemplo: Para darnos cuenta de este fenómeno es necesario la observación de no toda la materia que nos rodea, naturalmente, porque en la materia inorgánica es más difícil hallar las huellas del tiempo que en el nacimiento de una planta o animal, dado que no tenemos la facultad de ver este proceso de transformacion  de la vida a nivel molecular en su conjunto. De hecho, para nuestros ojos es imposible visualizar estos cambios en tiempo real, así que para descubrir tal cosa debemos alejarnos visualmente de lo observado en tiempo real y en otros casos llevar a cabo análisis químicos para tener una idea de su transformacion y antigüedad. Verdaderamente cada nuevo año envejece la materia que habita en el universo y aunque no se sabe el momento exacto en que empieza este ciclo, lo cierto es que es una realidad física que gobierna y transforma a toda la materia. La idea de la inmortalidad humana tendría que romper con esta ley física universal. Papa Noel sin embargo no envejece más de lo que la idea lo sostiene, el hombre viejo con larga barba, canoso, seguirá perdurando tal cual hasta que el portador de la información desaparezca físicamente. Esto es un hecho, una idea y en este caso Papa Noel rompe con toda ley universal. Entonces, digamos que el pensamiento como idea queda fuera de lo físico habitando en un espacio donde no existen formulas capaces de envejecerla, pero como todo también está destinado a desaparecer.



Cada nuevo o viejo año nos replanteamos la vida e intentamos corregir a modo personal lo negativo, del que solemos sacar las mejores conclusiones y aprendizajes, ya que de las cosas buenas solo queda el bienestar de tenerla o haberla disfrutado siempre con la duda de la inconformidad, aspirando de alguna manera de mejorar nuestro entorno en el que vivimos. Es difícil ponerse metas, es difícil cumplirlas, lo ideal sería que sí, pero el mundo es un desorden y dentro de este tenemos que unir la fina cuerda por la que debemos caminar ineludiblemente junto al tiempo. Por eso este nuevo año no pediré mejores cosas, tan solo hacer lo que quiero si es posible y con un poco de suerte llegar a donde quiero llegar siempre y cuando las causas y efectos favorezcan tales propósitos.


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