miércoles, 6 de abril de 2011

Nacer


Concebir algo siempre no es cosa fácil y mas cuando se quiere procrear, no debería ser tan complicada la decisión ya que se trata de un evento natural como el renacer de una nueva estrella en el universo, la cual no se ve amenazada por ningún elemento que no sea propio de la naturaleza y menos sobrenatural. Amparado en esta idea, la decisión de concebir un nuevo ser debería ser como el renacer de una estrella lista para brillar, pero para el hombre a veces este fenómeno maravilloso se ve afectado por los eventos extranaturales derivados de la forma exclusiva en la que vive, fuera de algún ciclo natural en el que nos hallamos todos por homo sapiens. No debería convertirse esto en un dolor de cabeza para quienes desean traer al mundo un hijo en optimas condiciones. Este deseo siempre aparéese de forma espontánea a muy temprana edad en la mujer, desde el primer momento en que pasa de la niñez a la adolescencia se siente dispuesta de manera involuntaria para entregarse a la maternidad, cosa que es normal, en cambio el hombre, lejos de tener esta misma cualidad hormonal propia de la mujer, también siente el deseo de procrear al acoplarse con la pareja elegida. Naturalmente existen grandes diferencias entre el hombre y el resto de los animales, pero el instinto paternal es valido para un gran numero de seres vivos, no así el de reproducción, este en concreto es una cualidad que nos pertenece a todos por igual, aunque todavía existen pueblos y situaciones donde se aplica este concepto de reproducción dejando el paternalismo a un lado. Pero lo cierto es, que en las sociedades menos y mas desarrolladas el problema demográfico se convierte en una gran maraña de acorde con el nivel de desarrollo intelectual y esperanza de vida poblacional, es muy común encontrar en los países desarrollados una población envejecida y esto no es un factor positivo para la economía de estos países por los gastos que requiere la seguridad social, en cambio, en los países mas pobres dada que la esperanza de vida puede llegar a ser muy inferior trae como consecuencia que su población sea mas joven, así mismo, la decisión de concebir siempre será subjetiva, apoyada en las aspiraciones cerebrales y condiciones materiales de cada cual, sea cual sea su procedencia, cultura, religión o ideal de vida, pero el efecto de decidirse ya requiere un proceso de mentalización, de convencimiento, de si es el momento propicio para traer al mundo semejante responsabilidad, aun, cuando objetivamente siempre pueda existir algún inconveniente genético o que estemos en edad de riesgo de que se nos valla el tren. Hay quienes aseguran, que un hijo se cría donde sea y como sea, que lo importante es el amor y la educación que se les de, es posible, conozco padres muy pobres que amaron y educaron a sus hijos muy bien, sobre todo, hace muchas décadas atrás era muy común cuando el nivel de vida en el mundo era muy inferior al de ahora y la pobreza mas repartida. Hoy día, son mas los requerimientos que impone la sociedad porque la vida es superior en todos los aspectos, las exigencias son mayores y como contraste los fracasos son mas duros. Muchas de la rupturas derivan de conflictos que nada tienen que ver con el deseo, el amor o las ganas de traer un hijo, mas bien, estos conflictos tienen un fondo de interés social, cultural, que siempre interfiere en las decisiones, de si se puede hacer esto, aquello, o no, de echo, hoy mas que nunca posponer esta decisión es algo muy común entre los jóvenes, esta de moda, se ven obligados a desistir porque la sociedad de consumo se imponen como una fuerza que restringe y controla por si sola, no te priva del derecho pero te condiciona a aceptarlo con seguridad. Traer un hijo al mundo resulta mucho mas problemático que dar con una formula matemática complicada, aunque al final, de tanto aplazarlo, terminamos aceptándolo como camicaces, y partir de entonces es ardua la tarea, pero al final con todo los problemas que nos agobian tenemos algo a favor, el tiempo que no se detiene, no retrocede para bien o para mal, y una prueba de ello es la vejez, cuado echamos cuenta nos preguntamos si valió la pena vivir este sacrificio, por que no hay otra vida distinta.

1 comentario:

  1. Ohh, ya veo y reconozco claramente a través de quien provienen esas reflexiones. Pero, lamentablemente, tienes mucha razón en lo que escribes. La maternidad o... la paternidad se ha convertido, creo yo, en una cuestión de índole cultural mas que de índole biológico. Para muchos, gracias al control de la natalidad, elegir tener hijos y familia o elegir hacerse de una carrera, o elegir dedicarse a viajar y conocer el mundo sin compromiso alguno o sin limitaciones o elegir hacer cualquier otra cosa menos traer al mundo y criar muchachos se ha convertido en un conflicto, cuya razón principal radica en la decisión intrínseca de crearse su propio estilo de vida. Sin lazos. Sin ataduras. Eso podría ser aceptable y hasta, aplaudible. Pero, pienso que en el fondo, yace un latente sentimiento de egoísmo e individualismo. Si, así es. De manera que solo así podríamos justificar el hecho de que nosotros si podemos tomar ese tipo de decisiones u optar por un determinado estilo de vida porque somos seres que existimos, y cuya existencia esta basada únicamente en la decisión de una madre, o de unos padres que si optaron por tenernos y criarnos. Por lo tanto, y en mi humilde opinión, no darle la misma oportunidad a otro nuevo ser de nacer, ver la luz y experimentar la vida como nosotros si pudimos hacerlo es una actitud injusta, marginal y egoísta. Además, debo agregar: la satisfacción de tener un hijo, educarlo y ayudarlo a crecer engrandece y alimenta el alma y fortalece el espíritu. Los hijos son la continuación, prolongación y permanencia de nuestra raza, claro esta, y de nosotros mismos. Si pensáramos todos así, (¿y por que no?) como el articulo que provoco este debate, seriamos la ultima generación viviente sobre el planeta Tierra.

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